El jueves, el que suele ser primer día de actividad de un Gran Premio de Fórmula 1, los periodistas rodeaban la imponente Red Bull House en el Silverstone Circuit. Max Verstappen, con su habitual sonrisa y humor, se sentó en una mesa llena de enviados especiales. Y la respuesta fue clara. «No creo en eso». Le habían preguntado por si existía presión para la salida de Christian Horner del equipo de las bebidas energéticas. El neerlandés lo negó, pero menos de una semana después… la realidad es otra.

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