Checo Pérez es un auténtico chollo para Red Bull, que llevaba años triturando a los pilotos que colocaba al lado de Max Verstappen, y que ha encontrado en el mexicano al complemento perfecto del holandés, la inequívoca piedra angular de su proyecto. Ningún compañero de equipo pudo acercarse mínimamente al rendimiento ofrecido por Verstappen, un killer insaciable al volante acostumbrado a dejar en evidencia a sus vecinos. Sin embargo, Pérez no solo es capaz de acompañarle y girar casi a su ritmo, tanto los sábados (cronometrada) como los domingos. El de Jalisco es un escudero de lujo, un corredor capaz de asumir el mando cuando su jefe de filas está en apuros, o de echarle un cable cuando el actual campeón lo necesita. Eso quedó claro el año pasado, en aquel apocalíptico último Gran Premio de Abu Dabi, en el que Pérez levantó un muro ante Lewis Hamilton para que Verstappen se acercara al británico, en el que fue el preludio de uno de los finales del Mundial más polémicos de siempre. Este domingo, en un circuito de Montmeló a reventar (123.000 espectadores), al de Guadalajara no le tembló el pulso cuando tuvo que abanderar la ofensiva para pasar a liderar la carrera, y apenas puso peros cuando, por la radio, le pidieron que dejara pasar a su colega. El doblete de Red Bull en el Circuit sin duda jugará a favor de Checo cuando llegue el momento de sentarse a hablar de su renovación, un trámite que se puede dar casi por descontado si tenemos en cuenta qué alternativas hay en el mercado.

