Basta con ascender el doble peldaño del vagón del tranvía, sea la hora que sea, para entender muchas cosas: Melbourne, o algo así como la felicidad. Nada de prisas, empujones ni apreturas, sino orden y civismo. Decía estos días la tenista Daria Kasatkina, recién nacionalizada: “Ahora que soy australiana, tendré que aprender a estar un poco más relajada. Aquí, si llegas tarde a un sitio es como: ‘¡No pasa nada! ¡Tranquila, mate [colega]!”. Y conecta todo el buen rollo que se respira con la síntesis del suizo Roger Federer en 2007, registrada ya como el sobrenombre oficial del torneo: “Este es el Happy Slam”. No cabe duda.

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