«Noté un ‘<em>pop</em>’ en mi rodilla», dijo LeBron James en el transcurso del partido de sus Los Ángeles Lakers ante los Dallas Mavericks. <strong>El ‘Rey’ caía lesionado y salía del pabellón tejano con aparente cojera</strong>. Alarmas encendidas, pues nunca es buen tiempo para hacerse daño y menos en un jugador de 38 años clave en su equipo. La imagen no era buena y el primer pronóstico tampoco.<strong> Es baja indefinida, con el miedo a perderse un largo periodo de tiempo. </strong>

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