Hace tres semanas, Mathieu van der Poel (Kapellen, Bélgica; 28 años) cruzó la meta el primero pero ni sonrió ni alzó los brazos. Optó por la sobriedad y la cortesía, por no celebrar el triunfo tras la carrera de ciclocross de X2O -tercera división de la disciplina- en Herentals, en casa de su archirrival Wout van Aert (belga con nacionalidad holandesa; 28 años), que en la última vuelta renegaba de su mala fortuna al sufrir un pinchazo. “Hubiera preferido vencer sin contratiempos de por medio”, resolvió Van der Poel. Una declaración de respeto, que no de amistad, entre dos corredores que forjaron su rivalidad entre el barro y que han revolucionado el ciclismo, que compiten desde cadetes -las cuentas dicen que ya son más de 250 carreras- y que se retroalimentan para elevar el listón, imanes para los aficionados y los patrocinadores, genios con motor de serie que este domingo (15.10, Eurosport y Teledeporte) se baten en una etapa de la Copa del Mundo en Benidorm, claros favoritos con el permiso del británico Tom Pidcock (Ineos).

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