El primer choque de hombros en Benidorm entre el neerlandés Van der Poel y el belga Van Aert ocurrió en la última vuelta, cuando los dos apretaron el botón de velocidad hipersónica, cuando decidieron que la carrera se resolvería en un mano a mano porque sus motores no resisten comparación, por más que el belga Laurens Sweeck —cuarto en la carrera tras su compatriota Iserbyt— se proclamara campeón de la Copa del Mundo. Más que nada por la cantidad de pruebas que ha corrido porque Van Aert (Jumbo) y Van der Poel (Alpecin) piensan más en la carretera, en las clásicas y sus equipos.
Cuestión de geometría
Cuando todavía estaban desempolvando el circuito, los mecánicos ya habían sacado los rodillos para los corredores y trabajan en la última puesta a punto de las bicicletas. Y, aunque parecen unas armas similares a las de carretera, guardan ciertas diferencias. La principal es que cambian las geometrías del cuadro para que sea todoterreno y cómoda, estable y robusta.
Varía la distancia entre los pedales, que suelen estar más altos para evitar choques entre la parte baja del cuadro y ramas, piedras o cualquier otro obstáculo de un camino sin asfaltar. También pesan un poco más las bicis por los refuerzos del cuadro, además de que la distancia entre los ejes es más larga para ofrecer una mayor estabilidad. Por otro lado, el paso de rueda es un poco más ancho para que no se acumule el barro, los tubulares en ciclocross son taqueados -mientras en carretera son lisos los neumáticos- para ayudar a circular con más velocidad por el terreno irregular. Normalmente, solo utilizan un plato -aunque algunos, como el campeón Sweeck usan dos- porque hay menos probabilidades de que se salga la cadena, y los pedales son más fáciles de soltar la zapatilla, pues a diferencia de en ruta, calan los dos lados para no perder tiempo. Y, por último dentro de lo más significativo, el cambio es electrónico -solo hay que ajustarlo y cambiar unas baterías que duran mucho- porque si fuera mecánico el cable sufriría con el barro y el agua.

