Roubaix volvió a inclinarse ante el emperador del pavé. Mathieu van der Poel agrandó su leyenda en el velódromo más emblemático del ciclismo al conquistar, por tercer año consecutivo, la durísima París-Roubaix. El neerlandés, invencible entre el barro y el polvo, rubricó una actuación memorable en una edición marcada por los errores ajenos, en especial el de Tadej Pogacar, que se fue al suelo tras una curva a 36 kilómetros de la meta. El esloveno, que compartía escapada con el líder del Alpecin-Deceuninck, vio cómo se esfumaban sus opciones por culpa de una moto que condicionó su trazada. Así, Van der Poel volvió a hacer suyo el Infierno del Norte en una jornada repleta de emoción, épica y dramatismo.

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