Pese a que a Atlético y Barcelona les une un eterno rival en común, a las flores que Simeone y Flick acostumbran a tirarse en las previas y a que los jugadores de uno y otro lado no se caracterizan por llevar los partidos al barro, el partido que abrió la trilogía de enfrentamientos en penas diez días evidenció la tensión que se palpa con la frenética eliminatoria de los cuartos de la Champions que asoma a la vuelta de la esquina. Pese a que a los locales no les iba demasiado clasificatoriamente y a pesar de que la derrota del Madrid en Mallorca despejaba aún más el camino a los azulgrana, saltarían chispas, anunciando lo que está por venir.

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