Alemania había convertido las tandas de penaltis en un género propio. Desde Sevilla 82 hasta Dortmund 2006, cada vez que un Mundial la arrinconó a once metros del gol, la selección alemana respondió con una frialdad casi inhumana: cuatro tandas, cuatro victorias y un único error en 18 lanzamientos. Hasta que apareció Paraguay.

