Juan tiene 11 años. Ha visto todos los partidos del Mundial de Qatar junto a sus compañeros de escuela. Antes del partido contra México, donde la selección de Argentina, derrotada por Arabia Saudí, se jugaba la permanencia, se envolvió en una bandera celeste y blanca, tomó una copa del Mundo de plástico y rezó con los ojos cerrados ante un pequeño altar. No había Cristo alguno entre las velas encendidas: solo una estampita diseñada para la ocasión en el que un Maradona con aura soleada sostenía con las dos manos el trofeo dorado. Lo que siguió ya es historia: Argentina ganó aquel partido y todos los que le siguieron, en una curva ascendente que terminó este domingo con el triunfo definitivo. Juan reemplazará ahora la estampita de Maradona por una de Messi.

