El último atacante que fichó el Real Madrid fue Reinier, en enero de 2020. El brasileño, que costó 30 millones, cerró este domingo con el Girona otra pobre temporada en el fútbol europeo, que se suma a sus dos cursos invisibles en el Dortmund. Hay que remontarse al verano de 2019 para encontrar la última adquisición provechosa del club blanco en la delantera: Rodrygo (45 millones). Desde entonces, en estas cuatro campañas, el equipo ha ido tirando con lo puesto, celebrando la explosión de Vinicius y Rodrygo, y asistiendo al feliz canto del cisne de Karim Benzema. La cosecha de títulos en este proceso de estirar la cuerda ofensiva no le ha ido mal (ha ganado todos los posibles en dos campañas), pero este verano las circunstancias le obligan a entrar de manera profunda en el mercado de delanteros. Se ha quedado solo con los dos muchachos de la Canarinha. “Tenemos que meter mano y lo haremos, sin prisa”, comentó con un toque coloquial Carlo Ancelotti este domingo, tras despedir a Benzema y Asensio, además de a los intrascendentes Hazard y Mariano.

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