La última oportunidad para los velocistas terminó siendo cualquier cosa menos una etapa para velocistas. Entre Chambéry y Voiron, el Tour se quitó durante unas horas la camisa de fuerza de la clasificación general, abrió las ventanas y dejó entrar el aire de las clásicas. Hubo ataques, cortes, caídas, persecuciones, corredores vacíos y una guerra sin dueño que Jasper Philipsen resolvió con su velocidad para estrenar su casillero de victorias en esta edición.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *