Lejos de las nuevas historias que se escriben en las tres sedes mexicanas del Mundial 2026, hay una historia en el Bajío del país que nació en 1986. En ella, el fútbol no es el protagonista, sino el origen de un lazo entre México y Alemania que sobrevive 40 años después, cuando una visita de la selección germana a un orfanato en Querétaro, su anfitrión, dejó una huella más grande que cualquier gol marcado en el torneo en el que quedaron subcampeones. “Vinieron a visitar a los niños, se encariñaron y dijeron: ‘Les vamos a ayudar’”, cuenta la Hermana Cristina Conde, directora de la Casa de Cuna Oasis.

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