Ángel Cabrera sabe lo que es tocar el cielo y pisar el infierno. El golfista argentino de 55 años, llamado desde joven El Pato por sus andares, hizo cumbre en 2009 cuando ganó el Masters y se convirtió en el primer latinoamericano vestido con la chaqueta verde. Era el segundo grande, después del US Open de 2007, de un jugador diferente, junto a Miguel Ángel Jiménez el último de una estirpe de golfistas que comenzaron como caddies, y de un tipo peculiar a quien el golf había sacado de la calle en Córdoba y que se niega a aprender inglés. “Si no me gusta algo, no lo hago. Si no hablo inglés, no es mi problema. Yo no me vendo, no me interesa”, contaba en una entrevista en EL PAÍS ese 2009.


