Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que el Santiago Bernabéu gritaba el nombre de Rodrygo con una fe casi infantil. Era el chico de las noches imposibles, el que rescató al Madrid frente al Manchester City y convirtió el milagro en costumbre. Aquel muchacho que parecía preparado para firmar su propia leyenda blanca hoy observa, desde una distancia que jamás imaginó, cómo otro acapara todos los focos… y todos los goles.

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