En 1920, dos instituciones inglesas como la Royal Geographical Society y el Alpine Club crearon el Comité del Everest para reconocer primero y escalar después el Everest. En esa fecha, apenas un puñado de occidentales había visto con sus ojos la montaña más alta del planeta. Pero la tradición montañera inglesa, su tremenda inclinación colonialista y sus dolorosas derrotas en la conquista de los dos Polos empujaban con fuerza hacia el llamado “Tercer Polo”. Un año después, la primera expedición de reconocimiento logró encender definitivamente la llama de la esperanza: se logró topografiar miles de kilómetros cuadrados de territorio, así como un mapa detallado de la vertiente norte o tibetana. La sur o de Nepal quedaba aún prohibida a los extranjeros. George Mallory, antiguo estudiante de Cambridge y profesor en Charterhouse, fue in situ el motor del equipo y encontró la ruta de acceso, alcanzado el collado norte, a 7.000 metros. Desde ahí era fácil imaginar la ruta a seguir. Se trataba del escalador más destacado de su época, pero cuando le pidieron regresar al año siguiente, dudó: tenía tres hijos y no quería abandonar seis meses a su mujer. La posibilidad de lanzar su carrera como explorador, escritor y conferenciante decantó la balanza.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *