El Clásico liguero en el Palau se presentaba como uno de los menos trascendentes de la temporada por la poca incidencia que iba a tener el triunfo de Barça o Madrid en una Liga Endesa a la que le restan 11 jornadas y los decisivos playoffs. Pero la inesperada paliza de los blancos (76-95) cambia definitivamente esa percepción y deja una herida mayúscula que puede tardar en cicatrizar en el Barça y en un Palau que despidió con pitos a su equipo tras perpetrar una actuación espantosa.

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