El Rayo y el Sevilla firmaron un empate con sabor agrio. Ni Iraola ni Sampaoli, un tigre enjaulado en la grada por su sanción, deben estar demasiado contentos con este punto. El Rayo, superado en la primera mitad, fue mucho mejor en la segunda, cuando llevó la iniciativa hasta el final. Los de Iraola merecieron el triunfo por ocasiones en un segundo tiempo donde llevaron al límite a los andaluces, incapaces de tener el balón y muy bondadosos en defensa. Fue Bono, con un paradón en el minuto 93, el que acabó dándole el punto a su equipo. El Sevilla, sin duda, da muestras de recuperación, como ocurrió en el primer acto, cuando emergió el mejor fútbol de Suso y Gueye se mantuvo con fuerzas en el centro del campo. Su bajada de nivel en el segundo acto obedece a que, todavía, es un equipo con carencias. El empate no es suficiente bagaje para consolidar su ascenso en la Liga, donde anda fuerte en casa, pero es un desastre lejos de Nervión, donde no gana desde el mes de octubre (ante el Mallorca por 0-1). El Rayo lo intentó siempre y le faltó un punto de eficacia. Sus aspiraciones europeas no se consolidan con este empate, aunque la temporada, en líneas generales, es muy buena. Resulta conmovedor observar la intensidad con la que juega este equipo, así como su verticalidad y valentía. Es el sello de Iraola y de un grupo de futbolistas muy comprometido.

