Llevaba una hora el Sevilla plantado sobre el Metropolitano, sosteniendo al Atlético desde un buen portero y desde el orden, cuando, perdido Azpilicueta para la causa nervionense desde el descanso, a Nianzou le dio por resolver un barullo en el área entrando a Giménez con los dos pies por delante. Al del silbato le costó admitir que aquello era penalti, no lo hizo de primeras y se pegó un buen rato ante la pantalla, pero al final señaló el punto para que Julián remendara una tarde particular extraña y pusiera en marcha el que ya sí fue desfile triunfal del Atlético, coronado con dianas de Almada y Griezmann.

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