<strong>Hay dos formas completamente distintas de afrontar el tercer y último partido en estas fases de grupos</strong>. Una es teniendo un ojo en el propio encuentro, un pinganillo en el oído escuchando el resultado de los rivales, una calculadora en el bolsillo y encendiendo velas al santo de turno. <strong>Otra es disfrutando placenteramente del partido</strong>, sin angustias en cuanto a la clasificación y con ese otro ojo puesto tranquilamente en la siguiente ronda. A poco que se tenga una edad, y habiendo conocido ambas opciones, sabemos la enorme diferencia entre vivir estos últimos duelos de una manera u otra.

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