Visto el Albania-España en un ferry. Minutos grises y anodinos de España en los primeros instantes hasta que el cronista se acerca a la pantalla: resulta que los de rojo eran los albaneses. Precioso uniforme, por cierto, con sus medias oscuras y un rojo formidable, no chillón. España viste de un insólito amarillo abanderado, aquellos calzoncillos de los abuelos (y los padres, y algunos niños, ejem) en los 80. Han salido al campo los mal llamados reservas o, en lenguaje futbolero, la unidad B: jugadores sin minutos de titularidad que aprovecharán este partido (España ya está clasificada como primera de grupo) para marcar un gol y dedicárselo a un recién nacido o a una pareja o a alguien, esperemos que no, que haya fallecido hace poco. El fútbol como espectáculo público destinado a resarcimientos privados.

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