Javier Aguirre lanzó en noviembre una reprimenda directa a una generación de futbolistas que veían como un calvario enfundarse el uniforme de la selección mexicana. “Es claro que hay jugadores que pueden y quieren, pero otros no pueden, no les alcanza”, dijo en otoño. En ese momento, las dudas eran masivas para un seleccionador que se veía desgastado porque su estilo dicharachero y franco hacía sintonía con sus pupilos. Tuvo que echar mano de un plan para unir a sus jugadores, mimar su autoestima y quitarles presión.

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