El dios del sprint, el rey león, el físico más envidiable, 1,90, 80 kilos, y su melena. Todo eso era Mario Cipollini, sprinter imbatible en los años 90 del pasado siglo y en los primeros años 2000, un histrión presuntuoso, veloz y ganador, 42 etapas del Giro, 12 del Tour, tres de la Vuelta, campeón del mundo, el patrón del pelotón que no se movía si él no lo permitía. Esas condiciones no lo convertían en un personaje amado, todo lo más temido, pero tampoco en el personaje odioso que este lunes, 17 de octubre, ha sido condenado a tres años de cárcel en su Lucca por malos tratos, amenazas y lesiones a su exmujer, Sabrina Landucci y al actual compañero de ésta, el exfutbolista Silvio Giusti. La sentencia, de primera instancia, fija además una suma de 80.000 euros como indemnización para la mujer y de 5.000 euros para Giusti.

