El Real Madrid cambió antes de médico que de entrenador. Niko Mihic, en calidad de nuevo supervisor médico del equipo, llegó una semana antes (4 de enero) de la salida de Xabi Alonso (12 de enero). La revolución médica previa a la del banquillo buscaba enderezar una temporada que se les iba a pique por las lesiones. Hasta ese punto llegó la preocupación del club con el incesante goteo de problemas físicos que ha limitado y condicionado el rendimiento del equipo. Una intranquilidad que ha llegado a desesperar en la zona noble de Valdebebas: «Así es imposible», lamentan. Una impotencia que vive el enésimo capítulo tras los dos últimos golpes que han llegado desde la enfermería. El más duro, el de Militao, que deberá pasar por el quirófano esta semana para resolver la lesión muscular en el bíceps femoral de la pierna izquierda que sufrió ante el Alavés. Se pierde el Mundial y verá hipotecada parte de la próxima temporada porque estará cerca de cinco meses de baja. El otro varapalo es el de Mbappé, que si bien es mucho menos grave (una lesión en el músculo semitendinoso de la pierna izquierda que no lo descarta para el Clásico) no deja de hacer daño porque es la puntilla a una temporada marcada por los problemas físicos de la estrella francesa.

