Por encima de cualquier resultado, el deportista profesional valora el respeto. El respeto a la competición, a los rivales y a las normas dadas en la disciplina. Competir en un clima de igualdad mutua, donde el éxito se construya en base a la constancia y el esfuerzo personal. Esa meta es un objetivo no menor para el deporte femenino, que ha ido construyendo su camino por un sendero lleno de obstáculos.

