Joan García saltó a calentar unos 45 minutos antes del inicio del partido. En el césped, fue el primero en aparecer junto a Ter Stegen y Szczęsny. El foco de todos los aficionados que le vitorearon en el pasado estuvo sobre él, esta vez en forma de pitos. El ruido era ensordecedor, y el estadio aún estaba medio vacío. Era un breve y minúsculo anticipo de lo que viviría durante 90 minutos: cada toque, parada o despeje era una oleada de silbidos.

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