El fútbol brasileño siempre ha sido sinónimo de espectáculo. El país sudamericano presume de ser el abanderado del ‘jogo bonito’ y de haber antepuesto durante toda su historia la diversión por encima de cualquier limitación táctica o rígidos sistemas. Son muchos los ejemplos a lo largo de la historia que han demostrado este culto brasileño al balón y al juego ofensivo, pero uno destaca por encima de todos: el Santos de Pelé.

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