<strong>De entre todas las cosas que sucedieron después de ponerse</strong> la chaqueta verde, hubo algo que le iluminó de verdad la mirada a Jon Rahm. Había sido un día maratoniano, de 30 hoyos, y tenía la cara más afilada que de costumbre, de todas las emociones consumidas, de la tensión y de un ejercicio de concentración que duró siete horas.

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