<strong>»Siento Cercedilla por los cinco sentidos. Mi pueblo huele a salud, guarda el sonido de una campana eterna, tiene el color</strong> ocre del otoño, el tacto de una flor y sabe a torreznos y a vinitos». Esto se lee en una pared del Museo del Esquí Paquito Fernández Ochoa, autor de la cita y el mejor embajador de esta localidad de la sierra madrileña en la que es imposible recorrer una calle sin encontrar un recuerdo, un amigo o un homenaje a una de las familias más legendarias de la historia del deporte español.

