¿Qué hay de nuevo viejo? Eso pareció decir el Barcelona antes de comenzar el duelo ante Partizán, el colista de la Euroliga que contaba con tres amigos que no hace tanto vistieron de azulgrana. Y no hubo rezongue, ensañamiento ni pita con el técnico Joan Peñarroya, despedido hace tres meses porque fue incapaz de hilvanar un juego sólido, con más guirigay que orden, con más libertades que corsés, ni un solo título que paladear. También se le piropeó a Jabary Parker, que hizo las delicias por dos cursos y que se marchó por la puerta de atrás sin mucho bombo porque así lo quiso el área deportiva, que prescindió de él para apostar por Punter, pues entendía que no podía haber dos gallos en el gallinero, al menos dos que con la pelota en las manos tiraran antes de pasar. Y más anónimo pasó Calathes, que no se encontró con Jasikevicius de 2020 a 2022. Pero ahí se acabaron los elogios y los mimos, focalizado el Barcelona en recuperar el pulso después de mucho tiempo en coma, impulsado ahora por un Xavi Pascual que aporta vigor y energía, también la idea de recuperar el orden y el mando, el adn Barça que tan bien conoce. Y con eso y poco más, algo de Vesely y mucho de Shengelia, bastó para sumar un nuevo triunfo europeo y definirse como nobleza en Europa.

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