Los jugadores de Túnez compitieron como si cada minuto que transcurrieran en la cancha del Estadio de la Ciudad de la Educación consumiera el partido —la noche— más importante de sus vidas. Khazi, Ben Silmane, Skhiri, Laïdouni y el resto de sus amigos pelearon cada balón con el afán y el desparpajo de quien ya no tiene nada que perder. Medio eliminados como llegaron a la última fecha del Grupo D, se concentraron en demostrarse a sí mismos que sabían lo que hacían con una pelota. No fue a base de fuerza si no de ingenio como desnudaron a los suplentes del campeón mundial, justamente derrotados en un partido que no controlaron jamás hasta que no entraron Rabiot y Griezmann para poner orden.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *