Cuando, el 13 de octubre de 2024, junto al lago de Chicago, la atleta keniana Ruth Chepngetich, de 30 años, corrió un maratón en 2h 9m 56s, el mundo se dividió en dos bandos. Una minoría ingenua abrió la boca admirada y elaboró teorías de entrenamiento, nutrición, tecnología, que explicaban que una mujer pudiera correr 42,195 kilómetros en un tiempo que no muchos hombres, grandes atletas, son capaces de alcanzar. La gran mayoría abrió la boca en señal de indignación, asco e incredulidad. Era un récord del mundo alucinante, casi minutos inferior a su anterior mejor marca, dos minutos mejor que el récord vigente hasta entonces.

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