Ahí enfrente hay un optimista que, advertía Carlos Alcaraz dos días antes, “sabe jugar”. Y así es, porque no le faltan buenas maneras al bueno de Oliver Tarvet; en todo caso, insuficientes para traducir el encuentro en nada más allá de un amable trámite que resuelve el murciano a base de corrección, linealidad y buen desempeño; firme ante la rebeldía del rival, un invitado que aún no ha descubierto el circuito (733º) y que se afana en estirar el capítulo. Si por él fuera, no terminaría nunca. Es su momento. Y lo estruja. Cae, normal, pero merece esos aplausos: 6-1, 6-4 y 6-4, tras 2h 17m. Son dos jóvenes pasándoselo bien, en dos dimensiones muy diferentes. Y el español, citado el viernes en la tercera ronda con Felix Auger-Aliassime o Jan-Lennard Struff, simplemente hace valer el aplastante peso de la lógica.

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