Recorren los ciclistas, no un pelotón, más bien pequeñas bandas de pillaje, armadas Brancaleone, codicia y hambre, los caminos blancos entre las colinas de arcilla de Siena, tan áridas, y la imaginación, y el paisaje toscano, lleva a las guerras medievales que enseñaban en la escuela, güelfos contra gibelinos, montescos contra capuletos, lo que sea, y es la guerra del instinto contra la razón la que se libra, la de Tom Pidcock, mínimo de estatura ciclista inglés, de Leeds, en el Yorkshire, 23 años, contra 20 grupos distintos que se hacen y se deshacen en su persecución, inútil.

