Un futbolista se sube la camiseta a la altura de la nariz a modo de antifaz, como el que se dispone a tirar un cóctel molotov en una manifestación y no quiere que le reconozcan. En lugar de una botella explosiva lanza por la boca un exabrupto igual de incendiario. No se puede demostrar que en ese momento Prestianni llamase “mono” a Vinicius, lo cual sería una repugnante (y cobarde: escondido tras su propia camiseta) demostración de ruindad y vileza. No se puede demostrar y supongo que, por las propias leyes que amparan a todo el mundo, sin carga de prueba no se le podrá sancionar. Eso sí, tampoco hace falta que el futbolista argentino y su club escalen a la cima del ridículo y aseguren que lo que dijo fue “hermano, hermano”. Nadie se tapa la boca para lanzar besos.
La jornada · sábado, 21 de febrero de 2026
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