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Todo lo que queda atrás

Fuente: El País Original en elpais.com

Nunca se sabe cuándo va a empezar a sonar el reloj que activa determinados recuerdos. Es como si existiera un mecanismo interior que está esperando un detalle -un detalle que puede ser minúsculamente cotidiano- para llevar la mente a un lugar que se creía olvidado. A veces traslada el pensamiento a una época que fue tan intensa y tan real que parece imposible haberla mantenido oculta durante tanto tiempo. Como con la competición deportiva en las etapas de la infancia y la adolescencia. Aquellos instantes de emoción, de tensión, de disfrute, temores y aprendizajes, concentrados principalmente en los fines de semana de competición, podían ser el centro de la existencia. Todo lo que no era colegio se organizaba en función del deporte. Y los deportistas, aún sin el bagaje vital suficiente para comparar, no eran conscientes de los momentos tan especiales que estaban viviendo. Tampoco de todo lo que estaba girando en ese momento a su alrededor. Ni de que todos los nudos que se estaban formando se quedarían ahí, bien atados, hasta que, pasados muchos años, un detalle nimio tire de ellos con fuerza y haga saltar las alarmas emocionales.