Durante demasiado tiempo, el debate alrededor de Rodri (30 años, Madrid) dejó de centrarse en el fútbol. Se habló de su edad, de una grave lesión de rodilla, de si seguía siendo el mismo y hasta de si el Madrid debía mirar hacia otro lado. Mientras tanto, él hizo lo único que sabe hacer: trabajar en silencio. Porque desde el día en que volvió a ponerse las botas solo tenía una idea en la cabeza. El Mundial. Ese torneo se convirtió en la obsesión que marcó toda su recuperación

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