
Don Roberto, como le gusta que le llamen, vende camisetas de la selección mexicana en la línea, la interminable fila de autos que aguarda para cruzar hacia Estados Unidos desde Tijuana, Baja California. Asegura que “hay mucha emoción” entre la gente por el inicio del Mundial en unos días, a pesar de que a esta ciudad no llegaron los partidos, las obras ni los millones de fanáticos. Sí llegó una selección, la iraní, para instalarse en el estadio de Xolos. Camila Nicolle, de 12 años y aficionada al fútbol, se plantó la madrugada del domingo en el aeropuerto a esperar durante horas a que los jugadores de Irán firmaran su álbum de estampitas. La niña sabe que llegaron allí por el conflicto con Estados Unidos, aunque lo que le importa hoy es la oportunidad de conocer a un equipo mundialista.





