Aunque a Tiger Woods, ya en libertad después de haber pasado ocho horas en las dependencias policiales, se le mire con la condescencia que se juzga a aquellos que hicieron felices a mucha gente, no se puede burlar que necesita ayuda. Una vez más ha sido temerario conduciendo en unas condiciones no aptas, bajo los efectos, probablemente, de algún tipo de medicamento, quizás un fuerte analgésico del que, dicen, es adicto.

