Las leyes de la dinámica de fluidos, la sensualidad, la epistemología y la superstición, han contribuido a extender entre los nadadores la convicción de que los previene sobre el efecto de freno que producen los pelos en el medio acuático. Mark Spitz desafió estas aprensiones en 1972. Desde entonces no se recordaba un récordman mundial logrado con bigote. Tomas Ceccon fue este lunes el atrevido que rompió con la inercia psicológica. Lo hizo con calma, con equilibrio, conservando la misma frecuencia de brazada desde el primer metro al último de la final de 100 espalda de los Mundiales de Budapest. Un prodigio de exactitud que le permitió acelerar en el último largo para superar a Ryan Murphy antes de tocar la última pared en 51,60 segundos. Nada menos que 25 centésimas más rápido que el récord mundial que el propio Murphy estableció en los Juegos de Río, en 2016.

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