México ha retrocedido en el tiempo. Ha caído en la primera ronda de un Mundial, algo que no ocurría en 44 años. Quedaron fuera pese a dar el mejor partido de tres posibles contra Arabia Saudí. Tenían el futuro en sus manos, pero los goles no cayeron en racimo. Ese 1-2 frente a los árabes relevó, como si fuera una radiografía, el fútbol mexicano: mucho corazón, empuje y garra pero solo en momentos de urgencia. El empate sin goles contra Polonia y la dura derrota con Argentina sentenciaron la participación mexicana liderada por Tata Martino, un técnico que no supo dar el cambio generacional y visto ahora como el enemigo público de México.

