Tadej Pogacar, de 23 años, asciende un duro puerto en compañía de su compañero de equipo, una especie de hermano mayor, Rafal Majka, de 32. Un día espléndido. Un paisaje de Heidi. Montañitas aquí y allá. Unos abetos diseminados en mitad de prados verdísimos, y flores de edelweiss brillan. Marchan en fuga. Los primeros. A 200 metros de la meta, Pogacar se acerca a su compañero, le da una palmada en la espalda y le dice que si se juegan a suertes quién gana la etapa. El polaco asiente. El esloveno muestra su puño, piedra, y Majka sonríe con la mano abierta, el papel. Se abrazan y enlazados por el hombro, la rueda de Majka delante, cruzan la meta.

