La persona que corre, se evade. Ponerse las zapatillas, cerrar la puerta de casa y ganar velocidad a la carrera permite dejar atrás lo cotidiano para quedarse a solas con uno mismo, sensación que Juan López descubrió a los 66 años, un año después de jubilarse. Se enganchó. Hoy, cumplidos los 81, sigue corriendo y su paso genera tal asombro que la comunidad científica se da de codazos para estudiarle de cerca. Juan corre por placer, por responsabilidad, por amor también: su mujer, impedida, precisa de sus cuidados y cuanto más en forma está, mejor la ayuda. “Es curioso, porque mientras no lo pruebas no te das cuenta. Todos tenemos problemas en casa, más grandes o más chicos, pero cuando te pones a correr tienes los mismos problemas, pero se ven de color de rosa. Eso me gustó. Además, me mantiene bien para poder ayudar a mi mujer, y por eso me siento muy contento de seguir haciendo deporte”, explicó al equipo de fisiólogos españoles que se volcó en su caso (de la Universidad de Castilla-La Mancha y la Universidad de Alcalá) e italianos (con Simone Porcelli, de la Universidad de Pavia). Los investigadores, que tratan de analizar la influencia de la edad en la condición física teniendo en cuenta los niveles de entrenamiento, han publicado sus resultados en la revista Frontiers of Physiology.

