De repente sucedió. El Atlético hizo un segundo gol en el mismo partido. Para que tal acontecimiento se diera, incapaces como eran los rojiblancos de conseguirlo desde que el calendario cambiara su cifra final, tuvieron que mediar dos últimos toques de jugadores del Mallorca. Detalle significativo, aunque al marcador subía igual. La había puesto Llorente después de una magnífica combinación con Pubill, sí, pero fue a despejar Mateu y lo que hizo fue golpear a David López con la pelota para que ésta acabara en la red y para que quedara liquidado definitivamente un partido de entreguerras en clave local. El miércoles, la Champions. Que exige dianas.

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