Desde niña, Audrey ya tenía innatas la capacidad de sacrificio y la disciplina que son fundamentales para llegar lejos en el deporte. Vino a la Fundación También con casi 11 años y enseguida vimos su potencial esquiando. Nos llamó la atención lo exigente que era con ella y, sobre todo, su fortaleza mental. A mi marido Carlos y a mí nos llamaban ‘los padres adoptivos de Audrey en invierno’ porque cada fin de semana nos la llevábamos a esquiar a Sierra Nevada.

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