El Celta salió al Huvepharma Arena con un once profundamente renovado y la sensación de estar aún reconociendo el terreno de juego. Diez cambios respecto al partido liguero y un inicio a trompicones marcaron la puesta en escena del equipo de Claudio Giráldez. Tres faltas en tres minutos, pérdidas inocentes y una presión que nunca mordió lo suficiente dibujaron un arranque inseguro. Los celestes no encontraban ni el ritmo ni la altura correcta para incomodar al Ludogorets, que entendió desde el primer instante que había espacio para correr, para dividir y para golpear por dentro.

