Quedaban 7,5 kilómetros para llegar a meta, rampas endemoniadas las de Port Ainé. Bebió un trago Pogacar y tiró el bidón, libre de cargas para lo que quedaba. Lo mismo hizo Landa, dispuesto para la batalla, homérica empresa la suya ante el esloveno. Pero tanto le dio porque, gallardo y protagonista, se decidió a atacar, arrancada de fuego que dejó a todos con la boca abierta a excepción, claro, de un Pogacar que no solo le siguió el juego sino que hizo un contraataque, golpes de riñón y pedaladas de acero, escalada sin igual. “Sabía que se iba a calentar y tenía la esperanza de aguantarle, pero desde un principio no he podido”, aceptó Landa todavía con la respiración entrecortada tras la llegada. “Me atacó y lo he seguido, aunque pensaba que era un poco pronto. Así que pensé que quizá podíamos subir los dos, pero he encontrado un buen ritmo…”, replicó Pogacar, que poco a poco fue abriendo brecha, que una vez más se quedó solo, show del bueno y ascensión que le volvió a valer el laurel de la etapa y, de paso, aclaró a cualquiera que no tiene rival, que en la Volta está él y después el resto, que extraterrestre solo hay uno.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *