Tadej Pogacar peleó contra todos, Remco Evenepoel persiguió a Pogacar, Mattias Skjelmose recibió la pinta de cerveza dorada en lo más alto del podio de la Amstel Gold y Pogacar se la bebió, dos tragos largos, sedientos, el cáliz de la amargura, y se pasa la lengua por los labios, regustando su libertad en la derrota. Los otros dos en el podio que homenajea al vencedor abstemio y a la ironía, le miran con envidia.

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