Lawrence Stroll ha invertido un pastizal en crear una estructura que pueda llevar a lo más alto a Aston Martin. Pero, de momento, su sueño de coronarse en la categoría reina del automovilismo no se está cumpliendo. Su faraónico proyecto (una ostentosa fábrica, un flamante túnel de viento, un organigrama repleto de figuras en el que sobresale Adrian Newey y una asociación con Honda) no está otorgando el rédito anhelado.

