En el ciclismo profesional y aficionado suele haber una montaña —real o figurada— que ejerce de motivación, objetivo, sueño o desvelo. Una cima que servirá, también, de analogía con las trayectorias individuales. La persona que inicie el ascenso no será la misma que la que lo culmine. Entre medias, se desarrollará un proceso de aprendizaje —la vida— que permitirá al deportista la opción de ir aplicando a su favor la experiencia adquirida. En paralelo a todas las virtudes del deporte se irán desplegando sus dobleces. Y se verá el lado oscuro, que abarca una amplia gama de miserias humanas, casi todas ellas enfocadas a conseguir el éxito a través de trampas. Decidirse por uno u otro camino será una cuestión personal, muchas veces marcada por el contexto y, en ocasiones, un paso difícil de no dar una vez dentro de la vorágine de la competición.

